Folio 32 · Literatura · Rescate ·
Regreso, de Juan Emar: la novela que estaba escondida en sus diarios
Un chileno acostumbrado a París viaja en tren a un balneario alemán y no sabe qué hacer con la gente que lo recibe. El manuscrito estuvo inédito casi un siglo.
- Editorial
- La Pollera Ediciones
- Sección
- Literatura
Un autor que llegó tarde a sus lectores
Juan Emar fue el seudónimo de Álvaro Yáñez Bianchi, nacido en 1893 y muerto en 1964. Publicó a comienzos de los años treinta una serie de libros que la crítica de su tiempo ignoró o trató con condescendencia, y pasó el resto de su vida escribiendo una obra desmesurada que casi nadie leyó mientras vivía.
Su recuperación fue lenta y llegó desde la vereda de los escritores antes que desde la academia. Hoy se lo lee como el más radical de los narradores chilenos de su siglo, alguien que trabajaba con lo absurdo y con la digresión en una literatura nacional dedicada a otra cosa.
De qué trata Regreso
El personaje está acostumbrado a París y acepta viajar en tren a Alemania. El desplazamiento lo enfrenta a lo previsible –el cambio de paisaje, el trámite de la aduana– y a algo menos manejable: una cultura de hombres que le parecen toscos y a la vez sensibles, que lo reciben en la ciudad balneario de Bad Nauheim.
El asunto del libro es esa incomodidad. No hay conflicto dramático en el sentido corriente; hay un hombre que debe decidir a cada momento si integra o rechaza lo que ve, y que no logra decidirlo. El título nombra un regreso que es también, y sobre todo, la imposibilidad de estar en ninguna parte como en casa.
El hallazgo
El manuscrito estuvo entre los diarios que Emar llevó en 1923 y permaneció inédito hasta que La Pollera Ediciones lo recuperó y lo publicó como novela autónoma.
Ese trabajo merece atención por sí mismo. Los diarios de Emar son una masa enorme y desordenada, y distinguir dentro de ella un texto con unidad propia supone una decisión editorial fuerte: alguien determinó dónde empieza y dónde termina una novela que su autor no separó. El resultado es convincente, pero el lector debería saber que está leyendo un objeto construido en parte por sus editores.
Lo que anticipa
Escrito en 1923, el texto precede en casi una década a los libros que Emar publicaría a comienzos de los treinta, y funciona como antesala. Ya está la mirada oblicua, ya está la atención al detalle absurdo, ya está el narrador que se distrae del asunto principal y descubre que la distracción era el asunto.
Lo que todavía no está es la deriva formal extrema de su obra posterior. Esta novela se comporta: tiene itinerario, tiene personajes reconocibles, tiene principio y fin. Para un lector que quiera entrar a Emar sin sobresaltos, esa contención resulta una ventaja.
Por qué importa el rescate
La literatura chilena tiene un problema de archivo bastante serio. Buena parte de su obra del siglo XX está en ediciones agotadas, en revistas desaparecidas o en cajas familiares, y depende de que alguien decida ocuparse.
Cuando un sello pequeño invierte años en ordenar los papeles de un autor muerto hace medio siglo, lo que produce no es solo un libro nuevo: modifica el mapa disponible. Después de este rescate, la cronología de Emar se lee distinto, y con ella la idea de cuándo empezó realmente la narrativa moderna en Chile.
El crítico de arte antes que el narrador
Antes de publicar ficción, Emar escribió durante años una columna de arte en la prensa santiaguina, reunida posteriormente bajo el nombre de Notas de arte. Desde ahí defendió la vanguardia europea frente a un medio local dominado por el academicismo, y lo hizo con una beligerancia que le costó enemistades duraderas.
Ese antecedente ilumina la ficción. Emar aprendió a escribir mirando cuadros, y su prosa conserva el procedimiento: describe con atención de crítico, se detiene en el detalle que un narrador convencional consideraría accesorio, y ordena la escena por criterios visuales más que dramáticos.
En Regreso, escrito en 1923, ese entrenamiento se nota en el tratamiento del paisaje alemán y de las personas que el protagonista observa. No los interpreta: los mira, con una minuciosidad que va produciendo la extrañeza.
La cuestión del extranjero
El personaje está incómodo en todas partes, y esa incomodidad tiene base biográfica. Emar perteneció a una familia acomodada, vivió largos períodos en Europa y volvió a un Chile donde no encajaba ni por posición social ni por gusto estético.
La figura del chileno europeizado que regresa y no reconoce nada es un tipo recurrente en la literatura nacional del siglo XX, y suele tratarse con ironía o con reproche. Emar la trata desde dentro, sin defenderla y sin condenarla, lo que resulta más interesante que cualquiera de las dos opciones.
De ahí que el título funcione en varios niveles a la vez. Es el viaje de vuelta del relato, es el regreso del autor a un país que le quedaba chico, y es –para el lector actual– el regreso de un texto que estuvo casi cien años guardado.