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Santiago de Chile
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Folio 23 · Literatura · Entrevista · nota ·

Ramiro Gómez Gris y SALIR: notas sobre una ética de la naturaleza

Después de Ética al zancudo, el poeta santiaguino insiste en la pregunta menor: qué le debemos a los bichos que nos molestan.

Sección
Literatura

Un autor con una pregunta fija

Ramiro Gómez Gris nació en Santiago en 1983 y ha vivido también en Valparaíso y Concepción. Su primer libro, Ética al zancudo, apareció en 2013 en La Pollera Ediciones. Se formó como electricista y no ejerció el oficio, dato que él mismo suele mencionar y que dice algo sobre su relación con lo práctico.

El título de ese primer libro contenía ya el programa completo. Un zancudo es el animal más prescindible del catálogo urbano: no despierta compasión en nadie, matarlo no tiene costo moral. Escribir una ética dirigida a él es proponer, medio en serio, que el límite de nuestras consideraciones está puesto en un lugar arbitrario.

Qué propone SALIR

El segundo libro extiende la operación. SALIR. Apuntes en torno a una ética de la naturaleza funciona por acumulación de notas breves más que por argumentación continua: observaciones, escenas mínimas, formulaciones que se dejan a medio terminar.

El verbo del título opera en dos registros. Salir de la casa, literalmente, hacia un exterior donde hay otras especies. Y salir del encierro de una ética pensada solo entre humanos, que es la propuesta de fondo.

No es filosofía académica y no pretende pasar por tal. Es un libro de poeta que usa el vocabulario de la ética sin someterse a sus protocolos, y conviene leerlo con esa expectativa. Quien busque una discusión rigurosa con la bibliografía del tema va a quedar insatisfecho; quien busque un modo de formular la pregunta va a encontrar bastante.

La escala pequeña como decisión

Lo que distingue este trabajo del ecologismo literario habitual es la escala. No hay glaciares, no hay especies emblemáticas, no hay catástrofe global. Hay insectos, malezas, animales domésticos, plantas de patio: el nivel de naturaleza con el que efectivamente convive un habitante de ciudad.

Esa elección tiene consecuencias. Una ética que empieza en el zancudo es más exigente que una que empieza en la ballena, porque no puede apoyarse en la belleza ni en la utilidad del ser considerado. Obliga a preguntar por qué la consideración debería depender de que algo nos guste.

El circuito en que aparece

Los dos libros pertenecen al ecosistema de editoriales independientes chilenas que sostuvo la poesía y el ensayo breve durante los años diez. La Pollera Ediciones, en particular, publicó en esa década una cantidad notable de primeros libros que ninguna casa grande habría considerado.

Vale la pena registrarlo porque explica la existencia material de este tipo de obra. Un libro de apuntes sobre la relación con los insectos no tiene lector garantizado; existe porque hubo un catálogo dispuesto a arriesgar tiradas cortas.

Lo que queda pendiente

La forma de apuntes es cómoda y también es una salida. Al no cerrar los argumentos, el libro se protege de la refutación, y hay momentos en que una idea prometedora se abandona justo cuando empezaba a costar.

Es un límite razonable en una obra en curso. Lo que ya está claro, después de dos títulos, es la consistencia de la pregunta: qué nos debemos con lo que vive alrededor y no nos sirve para nada. En la poesía chilena reciente, formularla así –sin épica y sin denuncia– es bastante infrecuente.

El vocabulario que elige

Llamar ética a lo que hace este libro es una decisión con consecuencias. Podría haberse llamado poética, o crónica, o simplemente notas, y en cualquiera de esos casos habría pedido menos.

La palabra ética compromete: anuncia que se va a discutir qué corresponde hacer, no solo qué se observa. El libro sostiene esa promesa de manera intermitente, y ahí está su tensión más productiva. Hay pasajes donde efectivamente se plantea una obligación –qué le debemos a lo que no nos sirve– y otros donde el registro se desliza hacia la observación pura.

Un lector estricto llamaría a eso inconsistencia. Otro podría ver una elección de género: los apuntes no argumentan, tantean, y un tanteo honesto muestra también los momentos en que no llega a ninguna parte.

Un debate más amplio del que el libro se hace cargo

La pregunta por la consideración moral de los animales tiene una bibliografía extensa, con posiciones bien definidas: quienes fundan la obligación en la capacidad de sufrir, quienes la fundan en el interés, quienes la extienden a los ecosistemas completos. Cada una de esas vías tiene consecuencias distintas para el caso del zancudo.

El libro no entra en esa discusión y probablemente hace bien: un poeta que se pusiera a arbitrar entre escuelas produciría un texto peor y no aportaría nada al debate especializado.

Lo que sí hace, y es su aporte propio, es cambiar el ejemplo. La filosofía moral suele razonar con animales que facilitan la conclusión –el perro, el chimpancé, el cerdo inteligente–. Empezar por el insecto molesto obliga a mostrar el criterio sin la ayuda de la simpatía, y ahí muchas argumentaciones cómodas dejan de funcionar.

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