Folio 27 · Reseñas · Reseña ·
Gracias, de Pablo Katchadjian: la servidumbre como procedimiento
Un grupo de esclavos, una isla, una rutina que se repite con variaciones mínimas. Katchadjian escribe una alegoría que se niega a decir de qué es alegoría.
- Editorial
- Narrativa Punto Aparte
- Año
- 2014
- Sección
- Reseñas
Un autor que trabaja con reglas
Antes de esta novela, Pablo Katchadjian ya era conocido en el ambiente argentino por dos operaciones sobre textos ajenos. En una tomó el Martín Fierro y reordenó todos sus versos alfabéticamente. En otra, El Aleph engordado, intervino el cuento de Borges agregándole palabras hasta multiplicar su extensión, sin quitar nada del original.
La segunda le costó una demanda por parte de la heredera de Borges y años de proceso judicial. El episodio importa aquí porque revela el núcleo de su trabajo: a Katchadjian le interesa qué pasa cuando se aplica una regla mecánica a un material que no la pedía.
La situación de Gracias
La novela plantea un grupo de personas sometidas a servidumbre, una rutina de trabajo y obediencia, y una repetición que avanza con alteraciones mínimas. El lector no recibe contexto histórico, geografía precisa ni explicación del origen de la situación. Están ahí, sirven, y el texto describe.
El procedimiento es el de siempre, aplicado esta vez a material propio. La escena básica se enuncia y se vuelve a enunciar con pequeños desplazamientos, de manera que la lectura produce una sensación hipnótica y también una creciente impaciencia. Ambas cosas son buscadas.
Por qué la alegoría no se cierra
La tentación inmediata es decodificar: esto es el trabajo asalariado, esto es la colonia, esto es la Argentina de tal año. La novela resiste todas esas lecturas con la misma eficacia, y no por ambigüedad decorativa.
Lo que hace es más preciso. Al negarse a especificar, obliga al lector a aportar el referente, y en ese aporte queda expuesto el propio lector: quien lee servidumbre laboral y quien lee esclavitud histórica están declarando algo sobre sí mismos. El libro se limita a proveer la estructura vacía.
Ahí está su parentesco con la tradición que va de Kafka a Beckett, aunque el tono sea otro. No hay angustia metafísica: hay una llaneza casi administrativa, y de esa llaneza sale lo siniestro.
El problema de la extensión
Ciento siete páginas son las justas y probablemente ya son varias de más. Un texto construido sobre la repetición tiene un punto de rendimiento decreciente, y este lo alcanza antes del final.
Conviene decirlo sin escándalo: es el riesgo estructural del método. Cuando la variación mínima deja de sorprender, lo que queda es la variación mínima. Un lector puede considerar eso un defecto y otro puede considerarlo exactamente la experiencia que el libro quería producir, que es la de una rutina que no termina.
La edición chilena
Narrativa Punto Aparte publicó el título en Chile en 2014, tres años después de la primera edición argentina, dentro de una política de catálogo que en esa década trajo al país buena parte de la narrativa argentina joven que las editoriales grandes no movían.
Sin ese trabajo, autores como Katchadjian llegaban a Chile solo por importación individual y a precios prohibitivos. El dato editorial no es adorno: explica que exista lectura chilena de este libro y, por lo tanto, que exista esta discusión.
El título como último desvío
Gracias nombra la fórmula de cortesía que se pronuncia al recibir algo. Puesta como título de un libro sobre servidumbre, la palabra cambia de dueño: la dice quien sirve, no quien recibe.
Esa inversión resume el procedimiento del volumen. Nada en el texto explica el título, y el lector lo arrastra durante toda la lectura preguntándose quién agradece y por qué. Al final la pregunta sigue abierta, y la incomodidad de esa apertura es probablemente el efecto buscado.
Es también un buen ejemplo de cómo trabaja el autor. Katchadjian rara vez inventa material nuevo: toma un elemento disponible –un poema nacional, un cuento canónico, una fórmula de cortesía– y lo somete a una operación que lo desplaza. El resultado no es paródico ni homenaje; es más frío que ambas cosas.
Qué lugar ocupa en su obra
Vista en conjunto, la producción de Katchadjian se mueve entre dos zonas. Una es la intervención sobre textos ajenos, que le dio notoriedad y problemas judiciales. La otra es la ficción propia, de la que este libro forma parte junto a otros títulos breves.
La segunda zona es menos comentada y probablemente más interesante, porque ahí el procedimiento no tiene la muleta del texto previo. Cuando se interviene el Martín Fierro, buena parte del efecto lo aporta el original y su peso cultural. Cuando se escribe desde cero una situación de servidumbre y se la somete a repetición, todo el trabajo queda a cargo del autor.
Que el resultado sostenga la comparación con sus operaciones más famosas dice algo a favor del libro, aun con sus tramos de rendimiento decreciente.