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Santiago de Chile
Crítica · Reseñas · Entrevistas

Folio 31 · Artes visuales · Libro ilustrado ·

Antología del amor de Claudia Schvartz: poemas que no ilustran cuadros

Francisco Ide Wolleter pone los poemas, Francisco Morales las pinturas, y ninguno de los dos trabaja al servicio del otro. Con este libro debutó Saposcat.

Editorial
Saposcat
Sección
Artes visuales

Dos autores, dos lenguajes

El volumen reúne poemas de Francisco Ide Wolleter y una serie de pinturas de Francisco Morales. La descripción parece la de un libro ilustrado corriente y no lo es, porque falta el vínculo de servicio que define a esa categoría: aquí las imágenes no representan lo que dicen los textos, ni los textos comentan lo que muestran las imágenes.

Lo que hay es una convivencia. Dos series producidas con lógicas propias que comparten un objeto físico y se afectan por vecindad. El lector pasa la página y encuentra una pintura donde esperaba una continuación, y esa interrupción es el procedimiento del libro.

El título y su desvío

Antología del amor de Claudia Schvartz nombra a una poeta y editora argentina real, con obra propia y trayectoria en el circuito editorial de su país. El título hace pensar en una compilación de sus textos amorosos.

No lo es. La operación consiste en desplazar la expectativa: se anuncia una antología ajena y se entrega otra cosa. El gesto tiene antecedentes en la literatura de procedimientos, donde el paratexto se usa como material y no como envoltorio, y aquí sirve para instalar desde la portada la idea de que el libro va a incumplir lo que promete.

Conviene notar el riesgo. Un chiste conceptual en el título compromete todo lo que viene después: si las páginas no sostienen la apuesta, el libro se queda en la ocurrencia.

Lo que sostiene la apuesta

La sostiene, sobre todo, la calidad material del objeto. Un libro que reúne poesía y pintura sin jerarquía entre ambas obliga a decisiones de diseño que no son decorativas: qué tamaño tiene la reproducción, cuánto blanco la rodea, si comparte página con el texto o la enfrenta, en qué papel se imprime.

Cuando esas decisiones se toman bien, el resultado es que ninguna de las dos series parece invitada de la otra. Ese equilibrio es difícil y es lo que distingue este tipo de publicación de una plaqueta con dibujos.

El debut de un sello

El libro fue la primera publicación de Saposcat, y eso explica varias de sus características. Un catálogo que se inaugura con un objeto híbrido, de tirada corta y sin género comercial identificable, está declarando su programa: aquí se van a publicar cosas que no caben en otra parte.

En el circuito chileno de los años diez esa declaración era casi un requisito de entrada. Los sellos nuevos no competían por autores establecidos, competían por definir un espacio propio, y la manera de hacerlo era publicar aquello que las editoriales medianas consideraban invendible.

Para quién es

Para el lector interesado en el libro como objeto antes que como soporte de un texto. Quien busque únicamente los poemas puede sentir que las pinturas estorban; quien busque únicamente la obra pictórica va a preferir verla en otro formato.

El público natural es el que disfruta el punto donde ambas cosas se rozan sin explicarse. Es un público pequeño, y el libro fue hecho sabiéndolo.

Quién es la nombrada

Claudia Schvartz es poeta y editora argentina, con obra propia publicada desde los años ochenta y una trayectoria sostenida en el trabajo editorial de su país. No es un nombre inventado ni un personaje: es una autora en actividad cuyo nombre aparece en la portada de un libro que no le pertenece.

Ese detalle cambia la naturaleza del gesto. Una cosa es jugar con un paratexto vacío y otra distinta es usar el nombre de una persona real como material. El libro asume ese riesgo y no lo explica, lo que deja la operación en un terreno deliberadamente incómodo entre el homenaje y la apropiación.

Quien conozca el circuito de la poesía rioplatense va a leer ahí una conversación entre generaciones y países; quien no, va a leer simplemente un título extraño. Ambas lecturas son legítimas y el libro no arbitra entre ellas.

La tradición del libro doble

Publicaciones que reúnen a un poeta y a un artista visual existen desde hace un siglo largo, y la mayoría se resuelve de una de dos maneras: el artista ilustra al poeta, o el poeta escribe a partir de las imágenes. En ambos casos hay una obra primera y otra que responde.

La variante más difícil es la simultánea, donde ninguna de las dos series existe para la otra. Exige que ambos cuerpos de obra sean autónomos y suficientemente fuertes como para no necesitar apoyo, y exige además una edición capaz de sostener la paridad en el objeto físico.

Cuando falla, se nota de inmediato: una de las dos partes queda decorando a la otra. Que este volumen evite ese destino es su logro principal, y explica por qué se lo comenta como libro y no como catálogo con textos.

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