Simon Reynolds: Romper todo y empezar de nuevo.

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En el contexto de FILBA Santiago que se realizó durante fines de septiembre y principios de octubre del presente año, pudimos conversar con Simon Reynolds, quien se define como un crítico, teórico de la música popular, y como un historiador que busca relevar periodos de la música rock que no han tenido la atención que merecen.

Es notorio al escucharlo que su interés por la música proviene de un fanatismo genuino, de su carácter melómano, más que de un afán posmoderno de discusión culturalista. Eso se agradece, pues aborda con frescor interesantísimos períodos del rock, sin dejar de lado el rigor a la hora de realizar un análisis más profundo.
Reynolds ha sido columnista de importantes magazines de música popular, como Uncut, Melody Maker o Rolling Stone, y es autor de numerosos libros (Energy Flash, de 1998; Rip it up and Start again, del 2005; o Retromania, del 2012 entre otros títulos). Su visita se enmarca en el contexto de la publicación en español de su libro Rip it up and Start again (Postpunk, romper todo y empezar de nuevo) por la editorial argentina Caja Negra.
Ha entrevistado a artistas de la talla de Lou Reed o Johnny Rotten, además de su emblemática y muy recomendable entrevista a Greil Marcus, uno de los más importantes críticos de rock de todos los tiempos.
En este intercambio tuvimos el placer de conversar acerca de su libro, su relación con la música latinoamericana y la importancia de las vanguardias.

E: Hola Simon. Un gusto poder conversar contigo. Primero que todo, respecto del libro que vienes a presentar, cuéntanos cómo es que aparece Postpunk; Romper todo y empezar de nuevo, cuáles fueron las motivaciones para escribirlo y cuáles fueron tus referencias literarias, teóricas y estéticas.
Simplemente me interesé por razones muy personales en la música con la que crecí y, a finales de los 90s y principios del 2000, comencé a pensar en cómo abordarlo seriamente, en cuales eran los inicios de todo esto para mí. Así que empecé a escuchar nuevamente música de esa época. Después de mucho tiempo escuché los discos tempranos de Scritti Politti, luego de 10 o 15 años probablemente, y me puse a pensar en cómo empecé mi trayectoria como crítico. Así que escribí un artículo para una revista llamada Uncut, de la que era escritor regular, y me percaté de que había algún incipiente interés por esa era: algunos DJ’s tocando esa música ya sea en clubes nocturnos o compilados, el DJ Andrew Evil tocaba música que podría haber sonado en el Factory Club de Manchester en los 80, y tuve la sensación de que no era el único que estaba pensando en ese periodo. Entonces pensé que a partir de lo que había hecho en Uncut, podía hacer una gran historia del Postpunk. Me entusiasmó mucho la idea, había hecho muchas entrevistas, se había invertido mucho tiempo y recursos que se justificarían. Había entrevistado a 20 personas, y escrito este enorme artículo de 20 mil palabras y sólo tenía espacio para 6 mil, lo que es muy frustrante, pero luego de ese proceso me di cuenta de que podía hacer un libro. De alguna forma había empezado a hacerlo, con las 20 mil palabras escritas, a pesar de que finalmente no utilicé mucho de ese material, usé solamente algunas entrevistas, pero realicé una investigación mucho más profunda.
No hubo una aproximación muy teórica al respecto, porque es un libro de historia, en el que trato de descifrar qué pasó, lo que se estaba intentando hacer y lo que se quería hacer, más que analizarlo. En mis otros libros hay más teoría involucrada, ya sea análisis del tecno, por ejemplo, o una clasificación musical por género, sexualidad, o ideas más filosóficas. La teoría en Rip it up, sin embargo, es más la teoría de las bandas: lo que algunas de esas bandas estaban leyendo, marxismo, situacionismo o el trabajo temprano de Derrida. En esa época una gran cantidad de ideas comenzaron a circular, desde el mundo del arte hacia la escena musical. Entonces la teoría de ese libro, tiene más que ver con las influencias teóricas de las bandas, yo no tengo un marco analítico de trabajo, yo intento ser más un escritor de historia: describir el curso de las cosas, cómo lo que está pasando en la música está conectado con la política en Gran Bretaña y el mundo, y los cambios que se pueden observar.
E: Este libro es del 2005, y el fenómeno postpunk se sitúa a fines de los 70. ¿Cuál es la relevancia o la importancia de escribir acerca del postpunk en la actualidad, después de 20 años que el movimiento ocurrió?
Bueno, es básicamente la misma relevancia que tiene cualquier tipo de historia. Uno se podría preguntar cuál es la relevancia de otro libro de Theodore Roosevelt. Alguien acaba de terminar una obra de tres volúmenes sobre la vida de Lyndon Johnson (aunque aquí uno podría decir que Lyndon Johnson es importante por su aporte a los derechos civiles y otras cosas que aún están ocurriendo en E.E.U.U.). Pero lo que quiero decir es que me parece relevante porque es una era culturalmente muy interesante, y nadie ha escrito una historia acerca de todo eso. Han escrito acerca de bandas específicas, Talking Heads o Wire, a modo de biografías, pero lo que yo estaba tratando de hacer era una biografía colectiva, una biografía de la época, como un zeitgeist. Así que creo que el valor intrínseco de este trabajo es el de mirar algo que no se encuentra historizado.
Aunque también tiene una importancia sobre lo que está ocurriendo hoy en la música. Hay gente interesada en las ideas de ese periodo, particularmente la idea de la música que contiene una crítica, de alguna forma una relevancia política de sentar ciertos ideales estilísticos, el minimalismo, el sibaritismo, la naturaleza angular de la música, o la obsesión por la innovación parecen ser algo interesante. Desafortunadamente muchas de las bandas que vuelven hacia el postpunk, se limitan a repetir el sonido, más que recatar todos sus ideales.

E: ¿Qué tipo de relación tienes con la música Latinoamericana? ¿Cuáles son tus impresiones al respecto?
Más que nada tengo cierto conocimiento sobre artistas particulares. De Chile conozco a Ricardo Villalobos, que es uno de mis productores electrónicos favorito (aunque está radicado en Berlin, pero es chileno). Él es uno de los genios de la producción techno de los últimos 10 o 15 años. No sé si es del todo popular en Chile o si su música es considerada propiamente música chilena. Se podría decir que tiene más que ver con la cultura musical de Berlin o Alemania.
Lo que más he tenido la oportunidad de escuchar son cosas como el Funk Carioca brasilero, algo de cumbia pero electrónica, más como techno cumbia. En general música con ritmos latinoamericanos que ha sido traducida a la música electrónica. Y todo eso me parece bastante interesante, aunque rescata el espíritu de otras cosas parecidas: de la música de ghetto como el dancehall reggae o el rap gangster, que es una forma de rap corrompida, donde las letras hablan todas de strip bars, los traseros de las chicas, dinero, y “yo soy el mejor” y “me cojo a tu novia”, así como en el reggaetón. Hay un sentimiento parecido, en las letras del Carioca Funk y otros movimientos similares, que comparten un mismo lugar en la sociedad. Lo que yo he escuchado del reggaetón por ejemplo trata de “yo soy el tipo rudo y malo, ando con chicas y dinero”. Y a pesar de que las letras no me dicen mucho, me gustan los ritmos y la energía que tienen.
No conozco mucho la industria latinoamericana del rock. Conozco Os Mutantes y he escuchado algo de la tradición sicodélica que hay en Perú y Chile.

E: Uno tendería a pensar que la identidad de la música latinoamericana, a los ojos del resto del mundo, está básicamente asociada al folclore, como forma de música típica y tradicional. ¿Cómo piensas tú que el folclor, en su dimensión tradicional, y la vanguardia pueden conciliarse y coexistir?
Es posible ver un montón de gente que quiere dejar atrás las expresiones tradicionales, a menudo tratan de mirar al mundo que deja atrás la cultura artística, las folk comunities, y el modo tradicional de hacer las cosas, y reivindican las nuevas percepciones y sensaciones, como por ejemplo el tren o el avión, o todo esto que implica velocidad y futuro. Entonces podemos decir que hay una tensión entre ellas.
Una de las cosas graciosas es que en mucha de la música actual que a mí me gusta, hay innovación interesante, se hacen cosas extrañas con el ritmo, y están formando subculturas que son casi como nuevas formas folklóricas, nuevas tradiciones. Como podríamos ver en esta nueva música llamada jungle. Pertenecer a la movida jungle en Gran Bretaña, era casi como ser parte de una tribu. Y es una extraña forma de tribu, porque no abarca toda tu vida, pues en otra parte de tu vida tú tienes tu familia, tu trabajo. En una tribu o comunidad tradicional, se nace, y uno puede en cierta medida tomar la decisión de participar o no de la misma. Pero a las tribus urbanas, de música pop/dance, se pertenece por elección, por afinidad, es una alianza escogida. También los fans del heavy metal son muy tribales, su ropa…, pero es todo por opción.

E: En las cosas que has escrito le has otorgado un valor muy significativo a la transgresión, al cambio constante, desde una perspectiva musical básicamente. Explícanos cuál es para ti el valor de la transgresión por sobre las expresiones más clásicas o conservadoras.
Primero que nada tenemos que diferenciar transgresión y cambio. Transgresión se refiere a romper con las leyes, los tabúes, o moldes, por lo que se puede ser transgresor en una banda de rock tradicional. Por ejemplo Guns n’ Roses, no eran innovadores desde una perspectiva musical pero, de cierta forma, eran transgresores. Ellos rompían reglas en asuntos relacionados con sexo o drogas, pero no rompían las reglas del rock and roll, hacían un rock and roll convencional. Eran muy transgresores, pero definitivamente no eran innovadores. A veces te puedes encontrar con ambas. Jimmy Hendrix era transgresor en asuntos de sexo y drogas, pero a la vez estaba innovando con la música, transformando la música e inventando nuevos sonidos.
Nunca había pensado tan claramente sobre el valor del cambio y la innovación, pero creo básicamente que mantiene tu mente viva, te abre a nuevos pensamientos, nuevas percepciones. La experiencia de la sorpresa y la desorientación tiene un valor en sí mismo. Para mí una de las cosas más excitantes de un sonido nuevo, es que tengo que intentar comprenderlo. Trato de comprender mi propio placer, o mi propia confusión. Pero también trato de comprender lo que es bueno y lo que es mediocre de este nuevo sonido. El cambio te mantiene vivo, con la cabeza andando, y creo que eso bueno. Si la música se mantuviera igual sería muy aburrido.
Por otro lado creo también que si alguien hace música tradicional con cierta excelencia, con ciertas cualidades que caracterizan la música tradicional, melodías fantásticas, también se puede encontrar un valor muy profundo.

E: ¿Y dónde crees tú que se encarna ese cambio o innovación hoy en día, dónde se puede encontrar el espíritu del postpunk en términos de novedad y subversión?
Hay mucha gente tratando de hacer cosas nuevas que me gustan, pero tienden a ser muy oscuras y sacan discos que luego realmente nadie conoce. Hay un chico llamado Echoplex, que tiene algunos muy buenos discos, Holden tiene también cosas muy interesantes. Oneohtrix Point Never es un chico del que hablé en el libro Retromanía, que usa sonidos antiguos, los primeros sonidos electrónicos en algunos de sus trabajos, pero hace cosas nuevas con ellos, juega con estos sonidos y hace asociaciones del pasado. Algunos de sus trabajos son como mashups, que no son los más interesantes, pero la mayoría de sus trabajos son música nueva a partir de máquinas viejas, encontrando nuevas cosas a partir de máquinas electrónicas vintage. The Knife también me parece un grupo muy interesante. Pero ninguno de ellos está en la radio. De los que están en la radio el único que destaca es Kanye West, que ha realizado transformaciones muy valiosas en el género hip-hop.

Por Sebastián Ruiz-Tagle, sociólogo y músico.