Roberto Merino: Lihn. Ensayos biográficos. Por Yosa Vidal

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Roberto Merino: Lihn. Ensayos biográficos
Ediciones Universidad Diego Portales, 2016.
140 páginas.
$10.000

Por Yosa Vidal

La colección Vidas Ajenas de Ediciones UDP, incluye una larga lista de textos de carácter referencial entre los que se cuentan una buena muestra de lo que se podría entender como biografías literarias: entre ellas La hermana menor de Mariana Enríquez, Luis Oyarzún. Un paseo con los dioses de Óscar Contardo y una de las más destacables a mi parecer, Lihn. Ensayos biográficos de Roberto Merino. Con este libro Merino confirma su maestría en el género de la crónica y el ensayo, ya visto en Barrio República y Padres e Hijos. El libro es de lectura ágil incluso para lectores que no son entendidos en la poesía de Lihn y prefiere antes que una lectura diacrónica de la vida del poeta, una visión tópica  de su acontecer, es decir, se concentra en los núcleos de sentido que se relevan en la vida del autor: sus caminatas, su vida doméstica y familiar, las peleas, el colegio, el habla de Lihn y su relación con los animales.

Es notable en este sentido que esta lectura tópica no se quede en el anecdotario de la vida del poeta –que en este caso es suculento, un pasado mitológico y literaturizado-, en la relevancia que su figura personal ha tenido y tiene, sino que entienda las cuestiones biográficas a la luz de la propia poesía. Es de lo más importante de este libro: que esa “urgencia de la palabra poética” en palabras del propio autor, se entienda a la luz de la misma palabra poética. Merino, pleno de historias que contar –son muchas las fuentes a las que recurre- no saca el ojo de la poesía Lihn, y entonces se puede ver la lectura de una poesía más íntima relacionada al patio del liceo o de su casa paterna –La pieza oscura–, o sus viajes,  caminatas por Santiago y viajes fuera de Chile, relacionados a una poesía de “notación permanente de un sujeto en tránsito” –Poesía de paso, París, situación irregular, A partir de Manhattan y Pena de extrañamiento–.

Merino no comete el error que cometen otras biografías literarias de quedarse en la cuestión biográfica como algo que superara la producción creativa; entiende el habla de Lihn –su habla “como atavismo de clase”–, sus barrabasadas,  fracasos,  peleas, sus caminatas pero también su poesía: las peleas de Lihn son en la calle y en el papel. En este sentido, Merino comprende a quienes lo leen como aquellos que comparten esa misma urgencia por la palabra, tan distinto a autores que presuponen a un lector de vidas de autores, que luego van contando anécdotas de la vida de Hemingway o  Baudelaire sin antes –o después– haber leído en profundidad sus obras.

Acá aparece también Merino, no sólo Lihn. Merino, observando la inercia de Lihn ante la falta de trabajo, su incapacidad de decir que sí cuando una oportunidad se presentaba, piensa que una “pesada rémora psicológica chaqueteaba a Lihn en ese instante: el no querer”. El fracaso en Lihn y sus antepasados es fruto de una voluntad; Merino declara que esto se deba quizás a que “la inercia del fracaso tiene, paradojalmente, un no se qué de dulce y acogedor”. También Merino observando la extravagancia del poeta, acompañando su paso de tranco largo por el Parque Forestal, sintiendo su inadecuación, su incomodidad, riéndose de sus payasadas y su histrionismo, extrañándose amablemente de sus expresiones pitucas y conviviendo, más joven, con la generación que lo precedía.  Ahí está Merino atravesado por Lihn. También se puede leer, de alguna manera, a Merino por Lihn.