Roberto Bolaño: Un narrador forjado en la poesía

“La mirada desesperada de un detective
frente a un crepúsculo extraordinario”
EL TRABAJO, pp. 20

 


“Seemannolos” (detalle), Michael Sowa, 1998, colección particular, Frankfurt. © VEGAP, Barcelona, 2000.

Roberto Bolaño escribió poesía hasta el final de sus días. Es conocido mundialmente como el narrador de lengua castellana que más ha llamado la atención –y sigue llamándola- en los últimos años. Para presentarlo quizás valdría con nombrar 2666 o Los Detectives Salvajes, que nació en Santiago de Chile en 1953, y que murió tempranamente en julio de 2003, en Barcelona, producto de una dolencia hepática arrastrada durante los últimos diez años de su vida. Pero para presentarlo, quizás valdría más decir que además de sus novelas, aquellas que le otorgaron prestigio internacional -a estas alturas es como un fantasma que deambula por la escena literaria-, no sólo escribió poesía hasta el final de sus días, sino que además fue formado por ella.

Antes de poder abordar los poemas de La universidad desconocida, la nota de los herederos del autor, representados por Carolina López –viuda del autor-, hace alusión a un poema inédito llamado Mi carrera literaria anticipando como un gran epígrafe lo que descubriremos más adelante. “Rechazos de Anagrama, Grijalbo, Planeta,…” // “…Todas las editoriales…Todos los lectores” // “Escribiendo poesía en el país de los imbéciles”, verso que puede referirse tanto a España o al país –si no me engaño todos-, en el que la poesía no tiene mayor interés en comparación con el mercado de la narrativa. Después nos encontramos con una poesía autobiográfica o de la experiencia, donde las vivencias del propio autor son el tema a tratar. Pero el yo poético se vuelve colectivo. Sus experiencias no son egoístas, ni narcisistas, ni doloridas. Además de estar escritas con la frialdad que debe tener un poema, éstas dan cuenta de diversas realidades sociales: el escenario literario español y latinoamericano, el vagabundeo por las calles de Barcelona, el erotismo, la supervivencia entre empleos destemplados para inmigrantes, imágenes de un fantasmagórico México DF y un Chile quimérico y extraño, pero sobre todo, el reflejo de la formación como escritor, aquella “universidad móvil, pero común a todos” a la que el mismo Bolaño se refería.

La poesía de este volumen fue escrita entre 1978 y 1993. Pertenecen a libros, libros inéditos y poemas publicados en revistas y antologías. En éstos el autor varía entre diversos influjos y corrientes. Matices vanguardistas -inclusión de dibujos, manifiestos, etc.- seguramente forjados y heredados del movimiento “Infrarrealista” -llamado Visceralrealista en Los Detectives Salvajes– que fundó junto a un grupo de poetas mexicanos en la década de los setenta; cierto lirismo y poesía cotidiana con un aire a Nicanor Parra -poeta favorito de Bolaño-; metapoemas a  la manera de Enrique Lihn -el ya citado Mi carrera literaria podría ser un buen ejemplo-; poemas derechamente narrativos producto de sus numerosas y variadas lecturas –determinar cuáles o nombrar a sólo un par de nombres sería injusto o demasiado para quién suscribe-; también influencias directas en algunas secciones de La Universidad Desconocida, a las que se refiere en una nota al final del libro, en las que menciona a William Burroughs, Raúl Zurita (“-las musas me perdonen-”, anota Bolaño) y Jerzy Andrzejesky. Sólo algunos ejemplos concretos, porque abundan los guiños –a veces son un coqueteo, otras son invitaciones al ring-, y las referencias tanto explícitas como implícitas. Esto da cuenta de que estamos frente a un lector, lector de poesía, lector de narrativa, atento lector o espectador de cine A –no nos engañemos, también cine de primera- y B. Todo como el cóctel letal de su formación, como una bomba de tiempo que iba reventando poco a poco dejando sus esquirlas repartidas por cada uno de sus libros.  

Para quienes se hayan internado en la narrativa de Bolaño, leer sus poemas puede asemejarse a encontrar lo que está sumergido bajo el agua en sus novelas, cuentos y ensayos. Aunque muy rara vez se encuentran conclusiones y cierres en su lírica –tal como en su narrativa-, su poesía completa –hasta cierto punto- y enriquece la lectura de su prosa y viceversa. Hasta cierto punto, ya que la obra de Roberto Bolaño parece ser un vidrio o un espejo destrozado en miles de pedazos y repartidos por diferentes territorios, que unen y separan, completan y deforman (forman) su trabajo. No vale la pena comparar el desarrollo de los géneros tratados, algo así como prosa versus poesía, por más que el autor diga “Yo creo que la mejor poesía de este siglo (el XX) está escrita en prosa. Hay páginas del Ulises de Joyce o de Proust o de Faulkner que han tensado el arco como no lo ha hecho la poesía en este siglo”, ya que son porciones diferentes de una misma obra, del mismo escritor, que como todo clásico –Bolaño es un clásico- su obra es de máximo interés en cualquiera de los géneros desarrollados a lo largo de su vida.

 

Nota: Para leer mejor esta reseña podría ser útil acercarse a los siguientes poemas de La universidad desconocida: LA NOVELA-NIEVE, pp. 17. – EL TRABAJO, pp. 20.- UNA LECTURA DE CONRAD AIKEN, pp. 63.- EL GRECO, pp. 65.- TE ALEJARÁS, pp. 91. – EL DINERO, pp. 129.- LA POESÍA LATINOAMERICANA, pp. 293.- LOS HOMBRES DUROS NO BAILAN, pp. 341.- LOS AÑOS, pp. 401.

La Universidad Desconocida.
Roberto Bolaño.
Anagrama. Barcelona, 2007.
457 pp.