Patricio Pron: Nosotros caminamos en sueños. Por Aldo Perán.

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Patricio Pron: Nosotros caminamos en sueños
Literatura Random House, 2014.
122 páginas
$9.000

Por Aldo Perán G.

Las dictaduras latinoamericanas legaron al continente un sinnúmero de masacres que han sido documentadas, esclarecidas en su verdad (la mayor de las veces) y se ha realizado justicia en muchas de ellas. Uno de los acontecimientos centrales de la década de los ochenta en un continente fragmentado fue la guerra de las Malvinas. Treinta y tres años después, y luego de una edición preliminar que conmemoraba los veinticinco años del conflicto, Patricio Pron publicó Nosotros caminamos en sueños, una novela que podría retratar cualquier guerra y que, sin embargo, es una evocación en clave absurda y humorística del conflicto que llevó a Argentina a una de sus tragedias más dolorosas del siglo XX.

La novela retrata a través de un narrador completamente difuso, un soldado desconocido, los acontecimientos posteriores al bombardeo que sufre la tropa a la cual pertenece junto a un puñado de hombres de distintas edades, dirigidos por el Sargento S. Aun cuando no hay un transcurso nítido de los hechos que lo llevaron a su enrolamiento y posterior embarque hacia la isla, el narrador relata las curiosas situaciones que importunan la cotidianidad de su compañía, constantemente aturdida por las bombas y obuses del enemigo, así como por las satíricas e hilarantes circunstancias (una bomba que nunca termina por caer del cielo y estallar ante sus ojos, un periodista llamado el Nuevo Periodista, un soldado llamado Snowden) por las cuales atraviesan este grupo de hombres que no saben qué hacer ni tampoco cómo luchar en una guerra, hombres enviados a luchar una batalla que no comprenden y que progresivamente mueren producto de los movimientos del bando opositor así como por la falta de principios del bando al cual pertenece el narrador: fusilamientos arbitrarios, corrupción y escenas que dan cuenta finalmente que no se puede perder el sentido de lo real si ha de narrarse una batalla (“eso no era una película y era probable que no obtuviera ninguna medalla, aparte de que difícilmente desconociesen sus padres cuán cobarde había sido su hijo”). En medio del relato, y producto de sufrir un balazo en la cabeza que lo dejó inconsciente durante un tiempo indeterminado, el narrador pierde la memoria a largo plazo, convirtiéndose de ese modo en un sujeto sin recuerdos, a excepción de los que concernían a la guerra (“tuve miedo de que sólo me viniesen a la mente cosas atroces y lo dejé; sin embargo, antes de hacerlo me di cuenta de que […] recordaba mi nombre y los nombres de mis compañeros de armas y recordaba qué estaba haciendo en ese sitio”.) Mientras pasaban los días, aparecían también nuevas reflexiones sobre la guerra en curso pero la pregunta fundamental no fue puesta a la luz por el narrador sino hasta el final (“¿Quién se beneficia con todo esto?, pregunté. Nosotros, respondió Morín rápidamente. ¿Quienes somos nosotros?, volví a preguntar y tuve la impresión de que me había pasado toda la guerra haciéndome esa pregunta”).

Es desconcertante, tanto para el narrador como para el lector, el mecanismo utilizado por el autor para representar por medio del absurdo la peculiaridad de cada uno de los soldados y su relación con lo irracional de muchas de las situaciones vividas en la contienda. En esta línea, los diálogos que compone esta novela reflejan no tan solo el sinsentido de aquello que ocurre en la trama; también permite a Pron desligarse de una tradición literaria que fuerza al autor a posicionarse contra la condición ser de relator de una derrota, al estilo de Los Pichiciegos de Fogwill, transformando la carencia de sentido del relato en una crítica a cualquier toma de posición que fuerce al lector a considerar los hechos de un solo modo: el de la tragedia. En este sentido, la parodia y la sátira se transforman en  las herramientas que hacen de este libro una novela insensible al pasado reciente en tanto no presenta con claridad la distinción entre buenos y malos, entre vencedores y perdedores, situando en esa ambigüedad la sospecha sobre la cual se enmarca una pregunta decisiva y que no está referida a las dificultades de escribir sobre una guerra, más aún cuando Pron no era más que un niño cuando estalló, sino que está referida más bien a las posibilidades que ofrece la literatura para contar una y otra vez la misma historia.