Mamá, hay una cereza en mi manzana

The Hendersson Apple, de Matt Brown 2010

El futuro siempre es de la NASA, ¿verdad? Siempre es blanco y tecnológico y liofilizado. El futuro es domótico e higiénico. Cuando pensamos en el futuro, no sé por qué, pensamos en el espacio. Como si el tiempo viniera de las estrellas. Pero en realidad el futuro siempre viene del pasado. Porque todo viene en círculos, o en espirales. Y siempre hay ese momento de tensión en que la que lleva pantalones de campana puede estar completamente atrasada o increíblemente adelantada. Si alguien pregunta cómo será la comida del futuro ahí están los sobres llenos de polvos con sabores complejos, o incluso inhóspitas pastillas nutritivas. Es como si los nosotros del futuro no tuviéramos cuerpo (¡la fisicalidad es tan passé!), ni las papilas gustativas que suelen venir con él. ¿Pero acaso no vinieron las hamburguesas incorruptibles (todos hemos visto las fotos comparativas que corren por internet), solo para ver el resurgimiento de los movimientos en pro de la lentitud en la cocina? Y en otros países (cuántas veces viene el futuro de otros países) una se puede encontrar en un equilibrio extraño, con forma de neveras gigantes, blancas y zumbantes, rellenas de pucheros exóticos (curry tailandés, paellas españolas, patos agridulces chinos) envasados en plástico apto para microondas. Cuán extraña es la normalidad.

Matt Brown, graduado en 2009 del IXD Master del Umea Institute of Design, se define a sí mismo como diseñador de ficción. Matt invierte su ahora en diseñar el attrezzo de 2040, y eso, obviamente, incluye la comida. Los alimentos sugeridos por Matt son sabios. Matt reconoce los rituales que rodean a la comida de manera holística: cómo se prepara, cómo se come, qué beneficios aporta, con quién la comemos. En el futuro que nos propone este diseñador, hay personas que hacen cosas como personas, no como robots. Sí, hay máquinas, y tecnología. Pero también hay más. Por eso el proyecto nos hace mirar dos veces. Para Matt, las macedonias del futuro podrían pasar por la modificación genética, que él quiere asumir que será segura. Las macedonias del presente ya tienen algo de ello, y también tienen fresas en enero y rambutanes en Madrid. De hecho, pensándolo bien, las macedonias dicen bastante de quiénes somos. La macedonia de Matt, decíamos, es un asunto genético. Es una macedonia de una fruta. Pero como adivinan, no es una fruta cualquiera. Es una manzana que ha sido modificada para que cree otras frutas en su interior. Es una macedonia bastante práctica: se puede comer sin preparar, sin bol. Perfecta para combinar distintos alimentos en una merienda. E incluso puede tener un factor sorpresa: siendo algo orgánico, es posible que haya cambios en distribución e incluso variedad de frutas. Voilà, una fruta que es un tema de conversación. E imaginen los rituales de cómo cortar o comer una fruta así: es un poco como los bombones Ferrero Rocher (¿se lo comen observando la perfecta concentricidad de los ingredientes o pelan cuidadosamente cada capa?). Se podría cortar por la mitad para averigüar qué nos ha tocado, o ir sacando tajaditas de manzana desde el exterior para adivinar dónde hay cerezas, o frambuesas, o moras. Siempre habrá el típico niño que sólo quiere moras y le toca una frambuesa y monta un número por ello. O la triste cereza que no ha madurado a la par que sus vecinas. A lo mejor los pájaros picarían solo los lados con arándanos,quién sabe.

De pequeña me fascinaba la idea de añadir una rama de peral a un naranjo y conseguir que ese árbol se convirtiera en algo híbrido. Algo que no dejaba de ser naranjo, pero también era peral. Me preguntaba si las peras olerían un poco cítricas, si habría algo de contaminación entre especies. Al fin y al cabo, se convertían en hermanas de savia. Pero eso era el pasado, no había genomas extraños. En 2040, según Matt, sí los hay. La cosa con el trabajo de este diseñador de ficción es que nunca sabes cuando su ficción se está quedando contigo. Puedes ver dónde acaba la frambuesa y empieza la manzana, pero no dónde acaba la posibilidad y empieza la crítica del ahora. Busquen en Google “frutas modificadas” y verá lo que la humanidad hace con su tiempo, ya sea en bata blanca o delante del photoshop. ¿Conocían los grapples, manzanas por fuera, uva por dentro? ¿O los lematos, tomates con interior de limón? Busquen, busquen. Y luego comparen con la manzana diseñada por Matt. ¿No les da miedo que el futuro siempre venga del pasado? Porque eso sólo puede significar una cosa: el futuro somos nosotros. Que la NASA les coja confesados.