Leonel Lienlaf: Se ha despertado el ave de mi corazón. Por Vicente Larenas

Se ha despertado el ave de mi corazón

Leonel Lienlaf: Se ha despertado el ave de mi corazón
Ediciones UDP, 2019
$20000

 

Por Vicente Larenas

 

En la cosmovisión Mapuche la importancia de los elementos y su hermana coexistencia tienen un rol fundamental, inherente a cada parte que conforma este trazo palpable de humanidad tal como la conocemos. Es voz ancestral la que toma el verso de Lienlaf. Invoca a los ríos, los árboles, los espíritus, a la sangre. Los trae a manera de mantra, los nomina con la frecuencia que cae una cascada, incesante en su avance a las aguas mayores. Es un relato que corre limpio y misterioso, pues le asigna una relevancia que se condice con el compromiso sobre terreno de un hijo de la tierra, que se hace voz para dejar hablar a otras dimensiones: “Hace muchos pasos atrás / (cuando estos años aún no se soñaban…)”.

Es un trabajo premonitorio si tomamos en cuenta que estos poemas fueron escritos en 1989, previo a la creación de organizaciones territoriales y movimientos políticos de resistencia en el Wallmapu. Es una arenga, un silabario que nos refresca a cada paso la vida y la pertenencia a una nación, paralela a la comprensión chilena y sus dogmas occidentales. Se parapeta desde los cerros, vuela como un pájaro con la sapiencia milenaria y la trae en su voz original, en mapuzungun, enfrentando ambos idiomas, que, al estar expuestos, nos permiten ver con mayor claridad la distancia fonética y comprensiva de una misma situación de esa trascendencia.

Es un verso que deviene rebeldía. Alza un canto de desafío y orgullo de lo que aprendió, lo que recuerda, lo que impulsa a hacer. Es un espacio de afrenta al colonialismo que arrasa y se ha llevado a mártires emblemáticos que ondean en las consignas guerreras de su pueblo. Él los invoca y los venera. Avanza en su palabra con las certezas del derrame de sangre y el retorno a las piedras y a los cantos de la tierra que los anidan y los posicionan en las más altas esferas de honorífica estirpe. Es fundamental esta voz para un territorio militarizado, asediado por las empresas multinacionales que extraen a destajo, pues el avance moderno y los impactos ambientales, obligan un accionar de exterminio, en que se subestima lo que Lienlaf grita. Y lo grita seguro, y firme. No se despeña como una dulce palabra para caer en melosas interpretaciones de postales mal venidas de una nación estereotipada. La lleva al extremo de su mística. La misma que ha sabido resistir por siglos las patadas arteras de los sistemáticos abusos que se ensañan con su población.

Se ha despertado el ave de mi corazón (NEPEY ÑI GVÑVM PIUKE) es un libro relevante para estos tiempos por las coyunturas que mueven el panorama en el Wallmapu. Remueve los casos de prisión política, de muertes en democracia, aún impunes por lo demás. Despierta afanes investigativos que están mencionados en esta edición, como lo del grafemario Raguileo, que es la figura fonética en que se utiliza el mapuzungun. Abre canales de transmisión oral, mantiene viva creencias de la formación del territorio, venera los espacios sagrados de ritualidad mapuche, plasma certezas de un entorno vivo: “yo era un tronco/ formado por miles de cara/ que salían de tu rostro, Madre./ Por el tronco caminé a través de cientos de generaciones/ sufriendo, riendo / y vi una cruz que me cortaba la cabeza/ y una espada que me bendecía antes de mi muerte.”

Si Parra te clava la ironía desde su casa con vista al mar en Las Cruces, Lihn la herejía antidictatorial y las borrascas citadinas, acá explotan las danzas del plano del silencio, ese que toma vuelo y revienta en esta manifestación política. Es el misticismo de sus palabras por las que corre el pueblo Nación Mapuche, que sigue narrando su historia y pervive contra todo pronóstico oficial.