Amanda Teillery: La buena Educación. Por Juvenal Romero Pérez

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La buena Educación, Amanda Teillery
Emecé, Planeta
160 páginas
$11.900

Por Juvenal Romero Pérez

 

La buena educación es una novela que teje los entramados de la clase alta chilena, pero que, fundamentalmente, reflexiona sobre el papel que en ella juegan las mujeres que, desde la sumisión y la culpa católica, se imponen como las grandes protagonistas de la historia.

Sofía y Rosario son dos estudiantes de un colegio católico del sector oriente de la capital. Ellas fueron mejores amigas durante su infancia, pero los modos de abordar su adolescencia, de descubrir su sexualidad y de definir sus identidades las fueron distanciando, hasta transformarlas en casi dos desconocidas. No obstante, un problema que aqueja a Rosario la lleva a pensar en quién es la única persona que podría ayudarla en este escenario y el recuerdo de Sofía surge. De este modo, ambas adolescentes inician un periplo hacia el centro de Santiago buscando una clínica para que Rosario pueda realizarse un aborto.

Es a través de este deambular por la ciudad donde vamos conociendo el pasado, el presente y el futuro de las protagonistas. El narrador utiliza el viaje como pretexto para mostrarnos cómo una sociedad que aún se traza tremendamente conservadora, coarta las libertades femeninas, obligándolas a renunciar a sus sueños de juventud, a amar libremente, a tomar sus propias decisiones. Pueden observarse a lo largo de la novela mujeres que dejan sus estudios para casarse y ocupar el lugar de señora de la casa, otras que se desviven en manifestaciones pro vida, algunas que niegan su sexualidad escondidas en un hábito o que consagran su vida a causas sociales en beneficio de los más desposeídos.

El libro queda al debe cuando busca utilizar el lenguaje de personajes de clases sociales diferentes a la de las protagonistas. Creo que en esta materia el narrador se desinfla en su intento, fallido a mi parecer, de emular las voces más subalternas que se dejan ver en el relato. Por ejemplo, cuando Sofía y Rosario se encuentran con un hombre con aspecto de vagabundo con “la cara sucia, como si se hubiera pasado carbón” y que le dice a una de ellas “Oye, linda … yo tenía una polola igual de rica que vos”. Acá, el modo en que el narrador recurre al registro informal evidencia su desconocimiento de esta “otra” capital y de sus habitantes tanto al describirlos como al darles la voz mediante el diálogo.

Las breves, pero intensas historias de la mamá y la hermana de Sofía encierran un complejo y atractivo relato de mujeres que se han sentido incómodas en el papel impuesto por la sociedad, pero que terminan resignándose y aceptando el estilo de vida que les corresponde: el determinismo social triunfa. En este punto la novela alcanza, desde mi perspectiva, su mayor madurez, incluso, volviendo simple la historia adolescente que funciona como eje conductor del discurso narrativo. Pero el determinismo no solo involucra a los personajes secundarios, ya que las protagonistas desde sus circunstancias sociales, culturales y etarias tratarán de romperlo. Sofía, por ejemplo, tiene sexo con un todavía desconocido  en la escuela y no siente la culpa de la que tanto le han hablado y Rosario se besa con una chica mucho más liberal que ella, y que le cita una frase de Virginia Woolf que se torna un lugar común para representar a todas estas mujeres retratadas en la novela: “ya estoy triste por las noches como esta que no llegaré a vivir”.

La buena educación, a pesar de ciertos traspiés en la construcción verosímil de algunos de sus personajes es capaz de crear un universo que retrata críticamente a una sociedad hermética y conservadora en la que la sexualidad femenina aún se presenta como un tabú y tratar de desnudarla es el mérito de Amanda Teillery en su primera novela.