Carlos Araya Díaz: Historial de navegación. Por Juvenal Romero Pérez

historial de navegacion

 

 

Carlos Araya Díaz: Historial de navegación
Alquimia Ediciones, 2016

131 páginas
$10.000

Por Juvenal Romero Pérez

 

El norte grande de Chile, principalmente la ciudad de Calama y el desierto que la rodea, y un conjunto de disímiles personajes que pueblan este espacio geográfico, van dando forma a Historial de navegación. Segundo libro del escritor calameño Carlos Araya Díaz (1984), quien, luego de la publicación de su novela Ejercicios de encuadre (Cuneta, 2014), nos sorprende con los relatos breves que a modo de una cartografía o de un historial de navegación web va diseñando los trazos temáticos que dan coherencia a este libro.

Al leer los cuentos se observa que la estructura narrativa de los relatos violenta la armonía textual de los mismos, no obstante este quiebre narrativo es necesario para el desarrollo enunciativo del discurso. Enumeraciones caóticas y preguntas retóricas, por ejemplo, aparecen  fragmentando, aparentemente, la lógica discursiva, pero evidenciando de fondo todo aquel universo, también fragmentado, que cohabita en el norte grande: inmigrantes, mineros, drogadictos, alcohólicos, prostitutas, adolescentes, todos narrando sus vivencias personales. Ninguno de los relatos pareciera hacerse cargo de problemáticas colectivas, esto se puede ver, por ejemplo, en los títulos de la mayoría de los cuentos, pues ellos se enuncian con nombres propios (Fernando Jopia, Matt y Emily Lekker, Julia Cardona, Eduardo Choque, Guillermina Vega, Tai Hiromi, entre otros). Estas problemáticas individuales, se repiten en la mayoría de los cuentos, no es casualidad que en casi todos ellos el tópico de la muerte sea el eje que permite dar sentido a la narración. Así, con escenas de excesiva violencia y soledad, lo individual se vuelve colectivo a través de las vivencias derivadas de la descarnada economía del sector minero.

La economía de la región invisibiliza los conflictos personales-sociales que se dejan ver en el tejido temático de la obra. Calama está conectada con el mundo y con Chile gracias a la minería, pero su gente ha sido borrada del mapa. Al respecto uno de los personajes, al regresar a la ciudad por la muerte de su padre, dice “veo el rostro de las personas que pasan a mi alrededor, no logro reconocer a nadie” y otro, un adolescente japonés de intercambio, tras una breve reflexión sobre los chilenos concluye “aunque no estoy seguro de que los calameños sean chilenos”.   Frente a esta problemática el libro se organiza como un historial de navegación de aquellas voces (otras) que no son consideradas en los discursos, principalmente economicistas, pero también literarios, sobre una de las regiones que con mayor productividad contribuye al progreso del resto del país. Este historial de navegación, mapa o cartografía adquiere características propias de un mundo tecnologizado, donde las voces narrativas construyen sus discursos, por ejemplo, a través de una conversación de chat como en el cuento “Julia Cardona” o en “Matt y Emily Lekker” donde la secuencia temporal de los sucesos narrados son presentados según la información que proporcionan las fotografías en formado JPG o en “Enrique Bas” donde Facebook va hilando y dando coherencia a la historia de un hombre mayor que observa y persigue a una adolescente a través de las redes sociales. Se repiten a lo largo de todo el libro marcas textuales representativas de la aldea global (Word, Twitter, YouTube)  y que simbolizan la economía capitalista de la región, pero que también reflejan la individualidad y soledad características de la sociedad actual.

Con una prosa violenta y fragmentada para una describir una región violenta y, también fragmentada, Carlos Araya Díaz, sin caer en el paternalismo, simboliza una realidad borrada del imaginario colectivo, emocionando con la fragilidad de sus personajes y con las historias colmadas de desapego, miseria y soledad.