Entrevista a Gonzalo Ilabaca

“Odio las vanguardias. Para mí la pintura llega hasta donde llega el
pincel -hasta Picasso más o menos-. Ahí, donde no hay pincel,
la cosa comienza a llamarse artes visuales y ya no me interesa mucho.
El pincel no ha cambiado nada en dos mil años…”

¿Cómo fueron tus comienzos en la pintura? Si no me equivoco poco antes de terminar Medicina en la Universidad Católica te decidiste por el arte…

Estudié 3 años de Medicina, pero me salí porque no tenía dedos para el piano, en realidad hasta el día de hoy no me gustan los hospitales. Cuando comencé a pintar sólo tenía claro una cosa: tenía que desprenderme lo que más pudiera de toda la educación recibida (la misma que me llevó a estudiar medicina). Cambiar la religión, amistades, irme a otro barrio o ciudad, comodidades, etcétera. Empezar de cero prácticamente.

¿Qué recuerdas de esa época, qué pintores te acompañaban, alguien en especial, algún maestro?

En Medicina había como profesores tremendos maestros y con sólo asomarme a las escuelas de arte en Santiago me di cuenta que ahí no los encontraría y nunca los encontré, aunque me hubiese encantado. Así que seguir no más con “los héroes“ de la niñez como Van Gogh, Gauguin, Modigliani y toda esa época en particular. ¡Y todo por libros de arte! Luego me fui a España y recorrí por fin museos de Europa, donde encontré a muchos pintores. De todos aprendí algo, sobretodo que había que tener una enorme voluntad si quería seguir pintando. Y esto me lo repito todos los días.

Este cuadro muestra una secuencia de personajes tristes en un bar porteño, temática en la cual has trabajado hondamente. ¿De qué nos hablan?

Esta pintura de 1 metro por 4.80 metros, fue hecha especialmente para la barra del Salón Rojo del bar La Piedra Feliz de Valparaíso. Dos músicos (uno a cada costado) ponen la música a una pareja y un parroquiano. La escena está cubierta de la nostalgia de lo que ya no volverá: el dandy, el bohemio, el artista, el revolucionario. Según Nicanor Parra todos ellos son el pasado (en ese mismo orden desaparecieron de la época – no de la realidad) y ahora es el tiempo del empresario. El pintor es “el guardián de todo lo que va a desaparecer”. A través de los bares de marinos nos despedimos de toda una época. Ésa es más o menos la atmósfera de este cuadro.

Da la impresión que los cuadros horizontales, sumándole la forma de la firma del autor, emulan una gran postal…

Más que una postal, recuerdan al cinemascope, ¿así se llama? La gran pantalla del cine. Mi pintura es para bien o para mal tremendamente literaria y busco que los personajes interpreten una película y no la realidad, por eso nunca hablo de la técnica en la pintura, el color, la forma, más me interesa producir una atmósfera y como Chile es un país poético trato que esa atmósfera también lo sea.

¿Qué autores han marcado tu paso por la pintura?

No empecemos con esa. Serían demasiados…pintores, escritores, poetas, cineastas, músicos sobretodo y una bailarina llamada Isadora Duncan.

Claro, tu hija Pascuala es cantautora, has producido un disco y tienes una estrecha relación con el músico Álvaro Peña, además participaste en un disco de Blues llamado “La Flor inexistente”. ¿Cómo te figuras tú en el ejercicio musical y qué relación tiene con tu trabajo pictórico?

Yo de músico no tengo nada. Sólo puse las letras y el recitado en el disco “La Flor Inexistente” del músico porteño Toto Álvarez. A él le dije después: “sabes, fuimos visitados por un mito”. Es un trabajo muy potente donde se mezclan la música, la pintura y la poesía. Es la banda sonora de una película que no existe. Cosas así pasan en Chile por su eje poético.

Pero hablando de la música, casi no hay cuadro que no lo haya pintado sin ella. De todas las artes, la música para mí es la más cercana y cotidiana. En 3 minutos alguien – un buzo- encuentra algo para ti. Una película la ves 1 ó 2 veces en tu vida, un libro igual, pero una canción la puedes escuchar en muchísimas ocasiones. Pocas veces el público puede “entender” (en todo el espectro de lo que esto significa) tan profundamente al autor como en la música. Álvaro y Pascuala son unas joyitas de esta geografía….

En este cuadro pintas al músico Chinoy. El retrato es recurrente en tu trabajo ¿Qué es lo que te lleva a la elección de los personajes?.

Hace tiempo que estoy haciendo una serie llamada “Los Militantes de la Belleza”. Son retratos de distintas personas de diferentes trabajos, edades, sexos, que a mi me parece que tienen una belleza… la belleza del gesto, del rostro, de una ética. Por eso pinté a Chinoy. No me considero un retratista, pero cuando veo a algunos de ellos que creo que los podría pintar, les paso ropas -si no me basta con la que traen- y les pido que actúen para mí en la película “Los Militantes de la Belleza”.

Has viajado por India, Guatemala, México, y esos lugares han marcado tu pintura… ¿Cómo trabajas? ¿Esperas la inspiración, el momento exacto, te paseas con bastidor, atril en mano, o funcionas con lo que tu memoria recuerda y reconfigura?

La caja de pintura es una llave perfecta para entrar a diferentes mundos. Pinceles y colores no producen desconfianza. Cuando viajo busco un lugar que me inspire y luego lo voy cambiando porque no pinto la realidad, sino cómo me gustaría que fuera. Ando con bastidores pequeños y pinto ahí mismo. Luego lo termino en la pensión, hostal, donde sea. Al regresar a Chile (ya en la comodidad del taller) esos cuadros -los mejores- me sirven de apuntes para hacer otros en distintos formatos y ahora también comienzan a actuar los recuerdos. Son viajes de un año, más o menos, pero luego en el taller continúo ese viaje por un par de años más hasta hacer con ellos una exposición y llenar de nuevo -en lo posible – “el estanque de la bencina”.

En otra entrevista dices que hay muy pocas ciudades donde se puede encontrar un cuadro todos los días. Además de Valparaíso y los países ya mencionados, ¿hay otro lugar que te tiente a visitar o habitar? Así como el escritor Miguel Serrano amplió tú visión sobre La India, ¿ha existido últimamente otra iluminación o dato?

La India, gracias a Miguel Serrano, fue para mí un viaje iniciático. Gracias a eso, años después, pude pintar un tema casi impintable como es la devoción. Durante tres años estuve pintando una modelo (un viaje por el cuerpo de una mujer) sin salir de casa. Es decir un viaje interior hacia Eros, que es la energía que mueve al mundo. No me considero un viajero, sólo que tengo que irme cuando la ciudad me abandona, cuando los cuadros empiezan a aburrirme al pintarlos. Me gustaría “perderme” – porque esa es la palabra- en un viaje hacia el transiberiano, pero esas son ya palabras temerarias ¿no?

¿Podrías hablarnos un poco más de esa experiencia de “Devoción”?

La devoción es un acto religioso, espiritual y por lo tanto hay detrás de ella algo mitológico. El mito es la forma cómo el ser humano trata de explicarse lo inexplicable. Se trata entonces de una invención, pero esa invención nunca es falsa porque una vez admitida alegra tu corazón. La devoción es el momento justo cuando tu corazón está alegre por una invención. Cuando se acaba esa alegría (que en el fondo es una energía) se acaba la devoción y la invención desaparece y recién ahí podría ser falsa pero no importa porque la devoción se había ido antes. Por lo tanto el mito puede llegar a ser falso, pero la devoción nunca, porque en realidad es un estado.

¿Cómo podríamos definir tu pintura? ¿Se podría encasillar en algún estilo o vanguardia?

Odio las vanguardias. Para mí la pintura llega hasta donde llega el pincel -hasta Picasso más o menos-. Ahí, donde no hay pincel, la cosa comienza a llamarse artes visuales y ya no me interesa mucho. El pincel no ha cambiado nada en dos mil años… Las artes que recién comienzan sólo las veo cuando me entretienen y de esas últimas sólo el cine me puede maravillar. El pozo hondo está en las artes más antiguas: poesía, literatura, pintura, escultura, teatro y danza. ¿Leíste el libro de Baricco “Los Bárbaros”? Las vanguardias serían una cosa totalmente de los bárbaros. En todo caso espero que siempre existan los pintores de pincel.

¿Qué piensas del actual estado del arte, de ese contraste que existe entre Sudamérica, Europa y Estados Unidos, en donde por un lado a penas se puede vivir de él y por otro las cifras y la producción cultural se maneja como cualquier empresa donde entra muchísimo dinero? Volviendo un poco a la afirmación de Nicanor Parra…

Todo arte es un reflejo de su época. Si vivimos la época del empresario, el arte también ha de moverse en los términos del empresario: es decir el dinero y el poder. Nicanor Parra fue casi crucificado porque – en los tiempos del revolucionario- tomó el té con la señora Nixon. Mick Jagger, en cambio – en los tiempos del empresario- puede aparecer en el mundial de fútbol al lado de Clinton y nadie dice nada. El artista es alguien que “bucea” adentro de sí mismo y encuentra algo para toda la humanidad, eso es lo importante. El cómo se maneja el artista en estos tiempos en la superficie es otra cosa, mucho más trivial. Pero el estado actual del arte es lamentable pues está manejado por empresarios y tengo mis serias dudas de que ellos estén interesados en estos “buzos”. Más bien creo que estos empresarios están asociados a buscavidas que flotan a ras de suelo. O sea, no creo que estemos viendo arte en el mercado del arte, pero sí en otros lugares. Hay que sólo escarbar debajo de la industria.