Ferne Quartiere, Timo Berger


Leblon

de “Ferne Quartiere” (Lyrikedition 2000, München/ Alemania, 2008)

Timo Berger · Berlín · 2011 (Traducción de Cecilia Pavón, Bs As. Arg)




Jardín botánico

Ningún vocerío de loros, ningún salvaje
desnudo, las primeras imágenes de la ciudad
a orillas del Río de Enero surgen con un dejo
de rojo: Giselle y su auto-

Pasión: un escarabajo color huevo de campo lleva
la Nouvelle Vague con un zumbido afónico
por las curvas: ningún Taxi-boy
va a ensuciar este vehículo

Contra el espejo retrovisor golpetea Elvis
the King
, de ebonita, una promesa
de sexo, mientras tanto, tras nosotros,
se baja una barrera de lacre blanco

El primer círculo de seguridad, vivimos
dice Giselle, en el haber
de la ciudad
, que abajo en los valles
cada noche saltea la noche




Casos complicados

Giselle y su madre
tienen dos temas
a la hora del almuerzo

El equipamiento de lofts
recientemente visitados

Y casos complicados
de su consultorio

Amnesia sí [ ] / no [ ]
Lacan, Freud
y ¿quién
creía ser
el tercero?
…………….




Recreación cercana

Laguna. La larga corrida hacia la belleza
           de los que hacen footing en la orilla

El borde, los domingos. El estudiado movimiento de cadera
           en la zona de aeróbic. Hula-hoop

En la divisoria de las aguas saladas. Hombres con pechos desnudos
           y redes echadas

Gorras de Hering. Pescan para la parrilla del barrio
           o las polaroids de unos gringos con Green Card




Eterna constelación de pocos segundos

En el carrill de giro para ir a The Girl from Ipanema
aúlla una cuatro por cuatro, los altoparlantes a tope

Una coma puede resultar gatillo
en el terreno, sin garantía, se reparten

Caramelos, en la secuencia del semáforo un billete
de lotería para viajar hacia la felicidad de los segundos congelados

En el rabillo del ojo, estático, un avisador de movimientos:
la ciudad es como champán, sube rápido a la cabeza

Delante de nosotros, en el transito por momentos taconeante
un motoquero, de casco y arnés livianos

Su remera habla hijo de ricos igual playboy
hijo de pobres igual motoboy





Cala roja, poco clara

Cerca del Palo de azúcar barrenan palomas
o parapentes en el aire que asciende
abajo sobre una duna de color herrumbre
hurgan buitres negros como cuervos

Entre los residuos de turistas
en este calor sofocante cada aleteo
resulta un aletazo demás
los colgajos pelados

De los cuellos de los buitres, garras
ayer pintadas de rojo en la exaltación
acomodan un triángulo de tela
Giselle lee en la hamaca

Un suplemento. a la sombra
de los helicópteros buzos vigilan
la desviación, el vaivén
de la plebe costera




Final en en los trópicos

No lleve su perro
a la playa. no es recomendable
para ud y aun menos para él

Cartel en la praia vermelha

El Chopin en el verde romo
de la segunda oxidación apoya
la cabeza en la palma de su mano
no fue hecho para la playa
es una impronta única
transpira pensando
en tresillos veloces
y su artritis recién gestada
en los trópicos
a su izquierda, a su derecha
unos castaños, cuarteles
quizás un par de pollitos
heridos, ningún perro




Servicio de entrega

Los monos en las ventanas, a la mañana
tras el vidrio lechoso, saben
que los desechos de estas cocinas
son deliciosos y alcanzables

Sobre la galería no reina una alta
alarma, aunque los picaflores
en vuelo rasante sumergen
sus lenguas de hilo en los tarros de miel

Un desayuno acorde a los manuales de buena salud
debe incluir papayas en rodajas
y edulcorante, el titular
policial del Jornal do Brasil

Nadie te secuestra
en la zona norte. Un par de pies
no valen el mundo
. ¿Y para qué
tendrán delivery las tiendas acá?




Café Livros

La favela arriba sigue siendo una ciudad
de dios – yo me muevo
a nivel de mar, de la casa de la madre de Giselle
al depto de Marisí donde el Cine Club Leblon
cada primer martes del mes goza
de los colores rurales de un

Cineasta búlgaro, aparte
de eso, sólo hay bares, cafés caros
un aguardiente de caña oscuro
curado en barricas de roble y servido
en Livros Ipanema. Ninguna librería
sin expendio de alcohol, nunca más.




Glória

Amé el acto
de distanciarme

Camila do Valle dice
que un divorcio es
como un cierre
que se abre
a contrapelo

Primero alguien desaparece
en una boutique, después
se desplaza un escritorio
(una tabla y dos caballetes)
hacia la casilla, atrás, en el fondo.




Paisaje Playero

El traficante de cocos de Copacabana
se balancea en bicicleta sin apoyar las manos
lleva puesta ropa de mujer y sopla
por el último agujero de una trompa macumba

Nosotros pateamos cocos ya vacíos
las calaveras de los negros por la playa
más allá juegan al beach-volleibal
o juegan al desfile de modas.




Poema con carga atmosférica

Los cerros, ahí afuera, desaparecen en la lluvia
Paula se agacha y
se prende las guillerminas

Dado que el padre se derritió en lágrimas
en el gimnasio hogareño, hoy solo hay
la infusión de ortigas de ayer

Que alguien en una carta escribió
yo permanezco sentado a la vera de una avenida

nunca estuve ahí, donde el amor a distancia

Pierde la distancia. Las nubes desfilan
Paula se agacha y
se prende las guillerminas




On the radio

Tom Zé canta
sobre Brigitte Bardot
Man, man, se quedó tan, tan
sola en su mundo
sin pieles

¿Con quién compartiré
en la vejez mis fobias contra
los pulóveres hechos a mano
contra los dibujos
animados?

Me imagino rencontrarme a mí en
las dos dimensiones
de una revista ilustrada
como molde a
recortar

No se siente ni por asomo
bien




Ciudades removidas

Delante del Coop de Copacabana
se apilan cajas de frutas y verduras
una paleta de Cerveza Polar
esa con el oso polar

El guardia (security minority)
en la casilla azul viste
una corbata y pantalones cortos
en su tiempo libre no tiene compromisos

Es malabarista o pintor dominical
conoce las reglas de los mercados
y sabe que aquí abajo se cruzan blancos
y negros en blanco y negro

Arriba en el cerro
debajo de la figura luminosa
se comprimen canchas de tenis y terrazas
de piscinas detras de trazados de piedra natural




Bus 372, Glória por Leblon

De soslayo a la dirección, está sentado
el revisor – aquí
el mundo del transporte público
sigue sí una papaya jugosa y dulce

Alguien que explica a dónde ir
marcando paradas, emulando
los ruidos de cierre de puertas y de arranque
a alta velocidad
sujétense bien

“Sendas” se llama un hipermercado
a la derecha

El revisor cuenta billetes
meticulosamente plegados sobre su dedo
se cuelga del varillaje amarillo
los pasajeros se deslizan por el torniquete
cabecean en un reposo afterwork
de poca duración