ENTREVISTA RL A JUAN JOSÉ RICHARDS + ADELANTO DE “TRASATLÁNTICO” (CUNETA, 2015)

Juan José DSC00646Richards  (Santiago, 1981)

Estudió Diseño Gráfico (PUCV) y Estética (PUC). El año 2012 obtuvo una Beca Bicentenario para realizar un Máster en Escritura Creativa en la Universidad de Nueva York (NYU). Fue editor de la antología del poeta Alfonso Echeverría El laberinto del Topo (Cuarto Propio, 2009). Su texto “Nevada” fue seleccionado en la antología Nueva Narrativa Chilena, Voces –30 (Ebooks Patagonia, 2011). Sus poemas han sido publicados en las revistas I-Manhattan y Ander, además de fanzines y plaquettes independientes en Nueva York y Santiago. El 2013 su poemario Trasatlántico obtuvo un Fondo del Libro otorgado por el CNCA al Fomento de Creación Literaria en la categoría Poesía y el 2015 fue publicado por Editorial Cuneta. Actualmente trabaja en revista Viernes de La Segunda, donde edita las crónicas de viaje.

Escribe regularmente en su blog: juanjoserichards.tumblr.com

 

¿Qué libros tenías en el velador cuando escribiste Trasatlántico?
Empecé a escribir Trasatlántico mientras hacía un Máster en Escritura Creativa en la Universidad de Nueva York, por lo que estaba leyendo varios poetas norteamericanos. Tenía Ariel, de Sylvia Plath y Self-portrait in a Convex Mirror, de John Ashbery en el velador. Pero también Relámpagos de lo invisible, de Olga Orozco y Formas de volver a casa, de Alejandro Zambra. De la lectura de esa novela surgieron varios de los poemas de Trasatlántico.

 

¿Cuánto demoró su escritura?

Un semestre y un verano. Pero la edición se demoró mucho más. Cuando volví a Chile el poemario se ganó un Fondo a la Creación Literaria en Poesía y lo trabajé por varios meses. Por esa misma época lo tomó el Lucas Costa, editor del libro, con quien lo trabajamos por casi un año.

 

¿Qué dijo tu editor o primer lector cuando leyó los manuscritos?

A finales del 2012 imprimí una plaquette en Nueva York con la primera versión del poemario y la repartí entre mis amigos, esos primeros lectores fueron fundamentales para darle rumbo al texto. Cuando el 2013 Galo Ghigliotto, director de Editorial Cuneta, lo leyó dijo que le interesaba publicarlo pero que tenía algunas sugerencias “que sería muy necesario considerar antes de llevar adelante el proyecto”. Ahí entró el Lucas como editor y tuvimos unas reuniones de trabajo muy intensas en las que el Lucas fue brutal: tachó muchas partes, dio vuelta otras y trabajó un montón para que el poemario se articulara.

 

¿Qué lugar ocupa este libro en tu proyecto literario?

Es mi primer libro así que un lugar inaugural.

 

¿Cómo escribes? ¿Algún método o rutina?

Lo único que necesito para escribir es tiempo.

 

¿Tiene nombre tu próximo proyecto? ¿De qué tratará?

Se llama Blanco cambiante y es un poemario que también comencé a escribir en Nueva York que surgió de la observación de la obra de Liliana Porter y Agnes Martin.

 

De qué preocuparse y de qué no…

Me parece inútil preocuparse de lo que no te puedes ocupar. Digo que se puede hacer una larga lista de preocupaciones y mantenerlas sólo como enunciado, así que de lo que me puedo ocupar: me preocupa la representación de género en medios de comunicación y como trabajo en una revista, me ocupo de eso a diario. Como escritor me preocupa que no se lea y no se escriba y a cierta escala también me ocupo de eso. Me preocupa ser una buena persona y también trabajo personalmente en eso. Hay quienes pueden pensar que soy un huéa y en verdad eso no me preocupa.

 

Últimos descubrimientos personales en música, cine y letras.

No es un descubrimiento reciente porque empecé a leerla cuando éramos compañeros hace algunos años, pero la chilena Alia Trabucco Zerán acaba de lanzar su primera novela llamada La resta (Demipage, 2015) y me parece que hay que leerla. Con urgencia.

 

El futuro de Chile ¿dónde está?

Para mi abuelo, el poeta Alfonso Echeverría (que murió en 1969), el siglo pasado estuvo marcado por la transparencia. Él planteó que “el gran desafío del hombre es fabricar su oscuridad en medio de la transparencia”. Dijo también que “el exceso de luz nos conduce a la alucinación”. A mí sus palabras me parecen vigentes. Me gusta leer ahí una pista sobre dónde está el futuro.

 

Adelanto de Trasatlántico

 

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