COLUMNA: MALDITAS ASOCIACIONES DE ALEJANDRO NEYRA

Con esta columna iniciamos la participación de Alejandro Neyra * y sus “Malditas asociaciones” en Revista Lecturas.

Pierre Lemaitre: una mujer, una guerra, siempre la muerte.
lemaitre_pierePierre Lemaitre ganó el Goncourt en 2013 y pasó, como él mismo señala, de ser un autor a ser considerado un escritor. Antes de eso, Lemaitre −quien escribió su primera novela bien entrada la cincuentena− había publicado cinco novelas policiales, que le han dado un espacio en el género y hasta ha creado su propia saga, en la que el personaje principal es un policía con problemas de crecimiento y una psicología compleja: Camille Verhoeven. Lo extraordinario es que aquel galardón (algo bueno tienen los premios literarios para los lectores después de todo) ha permitido que aquellas novelas puedan traducirse al español y descubrir a un maestro del suspenso, cuyos personajes atormentados y deformes resultan, como sus novelas, inolvidables.

En esta maldita asociación comentamos un policial, Vestido de novia, y la novela que le valió el Goncourt y el merecido reconocimiento: Nos vemos allá arriba.

 

Vestido de novia

Le debe haber sucedido. Despertar y no recordar bien lo qué pasó antes del sueño, no saber por un instante dónde y con quién amaneció.AL16878

Sophie Duguet despierta y a su alrededor hay cadáveres, se trata de gente de la que habría querido deshacerse (confiéselo, usted mismo lo ha deseado alguna vez). Por eso huye, cambia de nombre y de apariencia. Cree haberse vuelto loca pues todo lo que le ocurre y en lo que puede pensar es una persecución que le da muy poco tiempo para escapar de la policía, de aquellos asesinatos y de su yo criminal.

Los cadáveres se acumulan en aquella huida sangrienta y ella hace lo único que le parece razonable: encontrar un hombre dócil y comprensivo −en una agencia de citas−, casarse, tomar el apellido del marido, dejar de moverse, despistar a todos. Quizás así dejen de aparecer los muertos… o sea el esposo la próxima víctima.

Pero no queda claro que Sophie sea la asesina. Su vida, hasta antes de aquellas apariciones, transcurría en un matrimonio apacible, en un ambiente que se asemejaba a la felicidad, cuando menos al sosiego. Es el nuevo marido quien sabe, exactamente como, detener todo aquello. Porque él, siendo un policía de provincia, es también un asesino.

¿Cuándo se pierde realmente la cordura? ¿Podría usted afirmar que mantendrá siempre la vida más o menos apacible que tiene ahora o que está usted completamente libre de perder la chaveta? ¿O que jamás perseguirá a alguien para clavarle un puñal por la espalda mientras porta el vestido de novia de su madre?

 

Nos vemos allá arriba

Nos vemos allá arriba_150x230Esta novela no trata de la desgracia que trae la guerra sino de la miseria que la rodea. En ella, el inescrupuloso aristócrata Henri D’Aulnay-Pradelle, cuyo noble apellido es tan extenso como su codicia, usa su inteligencia −y el dinero obtenido en un matrimonio por conveniencia− para un negocio desalmado: la venta sobrevalorada al gobierno francés de parques cementerios y de ataúdes, para que las familias galas puedan honrar dignamente a sus caídos en la Gran Guerra.

Antes de eso, deSde las trincheras, el capitán Pradelle muestra su mala entraña al producir un altercado para incitar a sus soldados a romper una tregua y atacar las posiciones alemanas. El soldado raso Albert Maillard, pobre tanto de peculio como de espíritu, es atacado por el propio Pradelle en medio de aquella ofensiva y casi pierde la vida al descubrir que el incidente había sido provocado. Finalmente, Maillard es salvado in extremis por quien se convertirá en su amigo, confidente y compañero de aventuras, el adinerado Edouard Pericourt, quien en un gesto heroico salva a Albert a costa de sí: una herida provocada por un obús lo deja convertido en un gueule-cassée, un tipo sin rostro, que logra sobrevivir gracias a altas dosis de morfina y a máscaras que ocultan su deformidad y verdadera personalidad.

Pero a la estafa de Pradelle, quien aprovecha los contactos de su suegro –coincidentemente Pradelle desposa a la hermana de Pericourt– para hacerse de pingües ganancias en licitaciones amañadas para construir los camposantos, se suma una nueva y extensa farsa, llevada a cabo gracias a la genialidad artística e imaginación de Pericourt. Este se inventa un álter ego, miembro de la Academia de Artes francesa, quien convence a Maillard de crear una empresa de fachada para ofrecer estatuas a los cientos de municipios que desean construir monumentos de homenaje a los caídos a precios módicos, que permiten, además a aquellos corruptos de provincia, una oportunidad de obtener una pequeña ganancia sobrevalorando las patrióticas efigies.

En suma, de un país destruido física, moral y económicamente por la guerra, pasamos a uno en el que el mercado negro y los funcionarios corruptos buscan aprovechar cualquier oportunidad para ganarse unos cuantos francos más, aun a costa del cuerpo de los tullidos y la memoria de los desaparecidos.

Más allá de las múltiples peripecias y de lo rocambolesco de la historia, en esta picaresca tan emotiva como cínica hay una notable capacidad de Lemaitre para quitarle algo de glamour al París de los años locos y mostrar el límite de la decadencia humana, que está por cierto en la crueldad de la guerra misma, pero también en las acciones –que por lucro o venganza– se multiplican en los años de paz. No obstante, es Pericourt quien ha quedado convertido en un monstruo y esconderá simbólicamente esa deformidad detrás de máscaras absurdas, todos los demás personajes muestran sus rostros libres de máscaras, pero llenos de humana e inmoral monstruosidad.

Pierre Lemaitre, cuyo nombre traducido curiosamente sería algo así como “el maese Pedro”, es, tanto en sus policiales como en esta premiada obra, un verdadero maestro de la narrativa, un clásico moderno.

 

*Alejandro Neyra (Lima, 1974) Escritor y diplomático. Ha publicado Peruanos ilustres, Peruvians do it better, Peruanas ilustres y Peruanos de ficción. Ganador del premio Copé de Plata de Cuento 2012 y del IV Premio de Novela Breve de la Cámara Peruana del Libro 2012 con CIA Perú, 1985. Una novela de espías (Estruendomudo, 2012).