Álvaro Bisama: El Brujo. Por Joaquín Escobar

el brujo
Álvaro Bisama: El brujo

Alfaguara, 2016

223 páginas

$12.000

Por Joaquín Escobar.

“A veces me preguntan por mi padre y lo que hizo. En respuesta, yo cuento esto para explicar qué pasó con él”. Así comienza El brujo, la última novela de Álvaro Bisama que se erige como uno de los mejores libros publicados en lo que va del 2016. Recientemente editada por Alfaguara, la historia empieza en los ochenta –“una década de mierda” según el narrador– donde un joven, fotógrafo por casualidad, ingresa a trabajar a una agencia de noticias internacional que está en Chile para cubrir lo que sucede durante la dictadura. En una marcha en el centro de Santiago, el fotógrafo captura una imagen que cambiara su vida: un agente de fuerzas especiales apunta con una pistola a una escolar que está en el suelo. El retrato del miedo. La figura del horror. La CNI se lleva al fotógrafo, lo internan en un centro de tortura, pero luego de diversas presiones mediáticas lo liberan en un potrero de la periferia. Comienza el insomnio. Las madrugadas de angustia. Los cigarros de la espera. Con su esposa deciden separarse, con su hijo la relación es cada vez más distante. Hasta que un día decide huir, les informa que se irá a vivir al sur porque las angustias y los recuerdos lo aterran sin prisa ni pausa. Se instala en Chiloé y comienza a trabajar como profesor en una escuela. Su hijo lo visita los veranos; entre incómodos silencios, libros de Julio Verne y rock clásico la distancia comienza a ser cada vez más insalvable. Pasan los años. Las llamadas son menos frecuentes. Sin embargo, esta aparente quietud se quiebra, cuando el hijo del fotógrafo recibe una llamada donde le dicen que aparecieron dos cadáveres en la cabaña de su padre y que encontraron sus zapatos a la orilla del mar.

Una novela con tintes de policial, que está constantemente girando contra la obviedad de lo que se presume. Cuando todo indica que el texto tomará un determinado rumbo, una frase, un personaje o un golpe en la puerta, alumbran una salida distinta a la visualizada. La figura de un hijo que sin buscarlo se convierte en un detective de la historia de su padre y de un país, transformando una historia íntima en el relato de la grisura que envolvió a toda una nación. Porque en las imágenes que el fotógrafo capturó durante la dictadura no había lirismo ni poesía, había una crudeza que necesitaba ser denunciada, y que dejó en él una carga emotiva tan potente que, a pesar de las distancias, nunca más pudo abrazar la tranquilidad.

Marihuana negra, persecuciones, islas perdidas, insomnio, bosques oscuros, gatos, caminos secretos, fotos, polaroids y pajaritos en peligro de extinción son algunas de las imágenes con las que Bisama teje y construye su última novela. Un texto donde confluyen el suspenso, la aventura y la angustia de un país que aún convive con los miedos de la dictadura. Porque El brujo retrata las formas en que la dictadura militar llenó de miserias interminables la cotidianeidad de gran parte de la sociedad. Construyendo fantasmas que nunca terminaron de irse y que vuelven para inundar lo que parecían los escondites más seguros contra las tormentas de recuerdos.

Bisama logra reinventarse y estar vigente con una gran novela que supera ampliamente sus buenos trabajos anteriores. Entregando un texto que nos habla sobre la imposibilidad de huir. Sobre la estafa del querer reinventarse. Sobre el lugar al que siempre acuden los fantasmas.